Aud GLUCK: ópera Orfeo y Euridice: aria de Orfeo “Che faro senza Euridice”

Orfeo y Eurídice (título original en italiano, Orfeo ed Euridice; en francés, Orphée et Eurydice) es una ópera en tres actos del compositor alemán Christoph Willibald von Gluck de 1762 y basada en el mito de Orfeo. Gluck plasma su intención de reformar la ópera, tratando de que la poesía, el lenguaje y la acción dramática reflejaran la sencillez y el poder de la tragedia griega. Orfeo y Eurídice es la primera ópera “de reforma” de Gluck, en la que intentó reemplazar la trama abstrusa y la música de gran complejidad de la ópera seria por una “noble simpleza” en la música y el drama.

Pensado originalmente para un libreto en italiano, Orfeo y Eurídice le debe mucho al género de la ópera francesa, particularmente en su uso de recitativos con acompañamiento y una ausencia general de virtuosismo vocal. De hecho, doce años después de su estreno de 1762, Gluck adaptó la ópera para que acomodara a los gustos del público parisino en la Académie Royale de Musique con un libreto de Pierre-Louis Moline. Este nuevo trabajo en la obra recibió su nombre en francés Orphée et Eurydice y contenía múltiples cambios en el reparto vocal y en la orquestación para adaptarse al gusto francés. Esta ópera es la obra más popular de Gluck.

Esta ópera fue la primera de las de Gluck que mostraba su intención de reformar la ópera seria.

Las arias (cerradas en si mismas de la época anterior) son sustituidos por piezas más cortas unidas para formar unidades estructurales más amplias. Es notable la ausencia de arias da capo; Gluck usó, en lugar de ellas, la forma estrófica, de forma destacada en “Chiamo il mio ben così” de Acto I, donde entre cada verso se interpola un recitativo dramático, – esto es, stromentato, donde la voz es acompañada por parte o toda la orquesta – y la famosa aria con forma rondó “Che farò senza Euridice?” del Acto III.

También está ausente el tradicional recitativo secco, donde la voz se ve acompañada sólo por el bajo continuo (típico del Barroco). En conjunto, las antiguas convenciones operísticas italianas se abandonan en favor de dotar a la acción fuerza dramática.

Las reformas de Gluck, que empezaron con Orfeo y Eurídice, han tenido una influencia significativa a lo largo de la historia de la ópera. Los ideales de Gluck influyeron profundamente en las obras populares de Mozart, Wagner y Weber, con la visión Gesamtkunstwerk de Wagner especialmente influida por la de Gluck. La ópera seria en el estilo antiguo, y el predominio de los cantantes orientados al embellecimiento fueron progresivamente menos populares después del éxito de las óperas de Gluck en su conjunto y Orfeo en particular.

En Orfeo y Eurídice la orquesta es más predominante que en la ópera anterior: Aquí la voz se ve reducida al papel comparativamente menor de declamación en estilo recitativo, mientras el oboe lleva la melodía principal, apoyado por solos de flauta, violonchelo, fagot y trompa. Hay también acompaamiento para cuerdas (tocando en tríos) y el continuo en la orquestación más compleja escrita jamás por Gluck.

Christoph Willibald Ritter von Gluck (1714 – 1787) fue un compositor alemán de origen de mediados del siglo XVIII. En la ópera se propuso subordinar la música a la poesía con el fin de reforzar la expresión de los sentimientos, despojando a aquella de adornos superfluos. Mantuvo una rivalidad con el compositor italiano Piccinni conocido como la Querella de gluckistas y piccinnistas. Reformador de la ópera, sus primeras innovaciones son visibles en la ópera Orfeo y Eurídice (1762) tras un nuevo viaje a Italia en 1763. Regresó a Viena, donde compuso Alceste. De vuelta a Viena, dio lecciones a la archiduquesa María Antonieta, quien más tarde le protegería como reina de Francia.

Reformas de Gluck

Orfeo ed Euridice: Ilustración de la portada de la primera edición de la partitura (París, 1764)

La «ópera seria» tuvo sus debilidades y críticas. Lo más criticado era su gusto por abusar del adorno vocal de cantantes y el convertir a la ópera en un “espectáculo de lucimiento”.
El teórico Ensayo sobre la ópera (1755), de Francesco Algarotti, demostró ser una inspiración para las reformas de Gluck. Sostuvo que la «ópera seria» tenía que volver a sus bases, el ideal metastasiano, y que todos los diversos elementos —música (instrumental y vocal), ballet, y puesta en escena— deben subordinarse al drama. Sus ideas no resultaron aceptadas por todos los compositores, dando inicio a la querella de gluckistas y piccinnistas. Pero algunos compositores del período (segunda mitad del XVIII), incluyendo a compositores como Niccolò Jommelli y Tommaso Traetta, intentaron poner en práctica sus ideales. Pero el primero que alcanzó un rotundo éxito fue Gluck.
Gluck consiguió una «bella simplicidad». Lo vemos ilustrado en la primera de sus óperas «reformadas», Orfeo ed Euridice, donde las líneas vocales carentes de virtuosismo son apoyadas por armonías simples y una presencia orquestal notablemente más rica de lo usual.

Las reformas de Gluck tuvieron resonancia en óperas de Mozart y Wagner.  Mozart, en muchos sentidos, el sucesor de Gluck, combinó un magnífico sentido del drama, armonía, melodía y contrapunto para componer una serie de comedias, especialmente Così fan tutte, Le nozze di Figaro y Don Giovanni (en colaboración con Lorenzo da Ponte), que permanecieron entre las más populares, amadas y conocidas del repertorio. Pero la contribución de Mozart a la «ópera seria» la encontramos en las obras Idomeneo y La clemenza di Tito.